¿Salvar el planeta? Mejor repensemos nuestra manera de vivir en él.
Por qué necesitamos menos héroes y más conciencia sistémica
Por Mariana Segura, Mtra. en Desarrollo Sostenible ·

Nuestra manera de enfrentar la crisis ambiental
Desde que comencé camino de la sostenibilidad en 2013, estudiando mi maestría en desarrollo sostenible en la Universidad de Macquarie, me di cuenta que hay un sin número de posturas y formas de enfrentar la crisis climática que vive nuestro planeta. Por un lado puedo decir que no ha dejado de sorprenderme positivamente la buena voluntad que he encontrado a mi paso así como las buenas intenciones en hacer algo. Pero también creo que el cómo enfrentamos un problema es la base de su solución.
La idea de salvar el planeta
En todo este tiempo no he dejado de observar a esos entusiastas que aparecen cada año con la noble intención de "salvar el planeta". Y no me malinterpreten, admiro profundamente su pasión y energía. Sin embargo, creo que es una postura errónea para abordar este tema tan complejo. Recientemente me topé con Jenny Price y su libro maravillosamente provocador titulado ¡Deja de salvar el planeta!. Y, amigos, debo admitir que esta mujer me leyó el pensamiento y creo que tiene razón.
Verán, cuando pensamos que debemos salvar "el planeta", inconscientemente creamos una separación: aquí estamos nosotros y allá, lejos, está el medio ambiente, y en otro lado más lejos, los que no hacen nada, entonces estamos esperando que alguien venga al rescate, cual damisela en peligro. Pero, queridos lectores, esto es tan incorrecto como intentar enseñar a nadar a un pez. ¡Nosotros somos parte del ambiente! Desde las camisas que vestimos hasta el auto que manejamos, todo proviene directamente de nuestro entorno.
Los límites de los gestos individuales
Jenny Price señala, con elegante franqueza, que es absurdo sentirnos héroes por reciclar una botella, mientras ignoramos cómo nuestro estilo de vida cotidiano, incluso en detalles tan "verdes" como conducir un híbrido, tiene impactos profundos en el ambiente.
He escuchado decir, "mi contribución al planeta es no comer carne, o no usar popotes" y muchas de estas personas se llenan la boca cuando dicen que están salvando al planeta y te señalan con un dedo flamígero si tú no haces lo mismo. No pude evitar pensar, con una sonrisa discreta, que si bien su intención es admirable, quizás estaba obviando las toneladas de emisiones y contaminantes generadas al fabricar su vehículo, o la producción del cemento de sus casas, las baterías de su celular, o el papel higiénico que usan todos los días.
Cambiar cómo producimos y consumimos
Jenny nos invita precisamente a reflexionar sobre ello: si nuestro ambientalismo no cuestiona radicalmente cómo producimos y consumimos, ¿qué tan efectivo puede ser?
"No necesitamos salvadores heroicos", insiste Price con un tono que equilibra amablemente la crítica y la sabiduría. Necesitamos un ambientalismo que cambie radicalmente nuestros sistemas económicos e industriales, para que sean verdaderamente sostenibles y justos. Necesitamos señalar a las empresas que están teniendo ganancias enormes con el daño irreversible a nuestro planeta.
Aprender a vivir en el planeta
Así que, la próxima vez que alguien te invite a "salvar el planeta", quizá podrías responderle con una sonrisa amable y decirle: "¿Y si mejor cambiamos profundamente cómo vivimos en él?"
Porque, al final del día, no necesitamos salvar al planeta; necesitamos aprender a vivir en él con la humildad y el respeto que se merece.
Reflexión: No se trata de salvar el planeta, sino de transformar nuestra relación con él. Porque el planeta existirá con o sin nosotros, pero nosotros no podemos existir sin él.